Dicen los entendidos que los acordes del Rock & Roll, por lo menos en sus inicios, son prácticamente los mismos acordes del Blues, pero tocados a mayor velocidad.

Con la Normativa Turística pandémica y post pandémica nos puede pasar lo mismo, y tras una época de Decretos y Leyes tristes (Blues) para soportar una situación extrema de máxima debilidad del Sector Turístico, podría y debería venir una época de Rock & Roll que incentivara y animara a las empresas turísticas, sus inversiones y sus proyectos.

En la historia del Rock, también hay tiempo para la leyenda del denominado “Rock maldito”, y puede que en año pre-electoral como es el 2022, surja normativa que más que apoyar al Sector empresarial, dé alas de nuevo a potenciales votantes que les molesta todo lo que es turismo. Ese es un peligro que no debemos descartar, considerando que las competencias están delegadas en las Comunidades Autónomas y que éstas tienen elecciones a principios del año 2023.

“Rock maldito” sería que se estuviera negociando a espaldas del Sector turístico un desarrollo normativo restrictivo en la comercialización de productos turísticos o su adecuación, o en la facilidad para la inversión y reforma de los establecimientos existentes, más aún después de lo vivido y sufrido desde marzo de 2020.

No van a bastar los Fondos Europeos y éstos van a destinarse exclusivamente a tecnología, digitalización y sostenibilidad o economía circular. Cuestiones esenciales, pero no suficientes si tenemos en cuenta que el Sector está debilitado y necesita ajustarse al inminente efecto “Champagne” que se avecina (el efecto que hace el tapón al abrirse la botella, es decir, los turistas volverán a viajar como locos ). Es muy probable que el turismo vuelva a ser una actividad económica tractora en muchos países del mundo, incluido España (y eso que nos han vapuleado de lo lindo, incluyendo algunas declaraciones de Ministros al comienzo de la pandemia). No obstante para seguir siendo ese “driver” y mantener el liderazgo empresarial nos va a faltar normativa turística que nos dé competitividad en un mercado internacional que va a ser muy agresivo, precisamente por el efecto “Champagne”.

Por lo tanto atentos.

Sin embargo hay otra normativa que es puro Rock & Roll y no precisamente maldito. El reciente Decreto Ley 14/2021 de 6 de Julio, de la Junta de Andalucía, que fue publicado en su Boletín Oficial el pasado 12 de Julio, establece con claridad una serie de incentivos para la renovación y modernización de los establecimientos de alojamiento turístico. Anima al inversor no sólo hotelero, sino también de Apartamentos, Casas Rurales y Campamentos de turismo, para que en los próximos 3 años (ojo, son sólo 3 años) solicite la reforma o ampliación de sus establecimientos. A cambio, la normativa facilita que se pueda incrementar hasta un 15% la edificabilidad y la ocupación contemplada en el planeamiento en el caso de que se aumente de grupo o categoría turística.

También podrá incrementarse la altura máxima permitida por el planeamiento cuando resulte necesario para implantar en la cubierta servicios complementarios como restaurante, gimnasio, spa o piscina. Además, el proyecto de obras podrá reordenar los volúmenes existentes, prever el aprovechamiento del subsuelo para usos habitables, salvo el de alojamiento, y redistribuir el número de plazas autorizadas

Tres son los objetivos que busca la Junta de Andalucía:

– renovar o modernizar la planta de alojamiento turístico para mejorar su nivel de competitividad

– facilitar la adaptación a categorías superiores

– apoyar e incentivar a un sector esencial para la economía de la Comunidad Autónoma (así lo dice el preámbulo de dicho Decreto-Ley)

Si tan esencial es el sector turístico para un país, como lo es para España, y tras la peor época vivida por trabajadores y empresarios turísticos, sólo hay un camino para mantener la posición en el mercado internacional y es facilitar un marco de juego sencillo y útil para que las empresas puedan ser competitivas y seguir manteniendo o ampliando sus plantillas de trabajadores.

Pensar en hacer una política contraria a la principal actividad turística del país, sería un suicidio, pues vamos a ver muy pronto como en un escenario mundial se van posicionando todos los países, y España entre ellos.

Por supuesto que hay que digitalizarse y hay que mantener una estrategia de sostenibilidad. Pero sin olvidar nunca que las empresas han de ser rentables, si no, cerrarán o abrirán en otros países.

Atentos a la música del 2022. Veremos si se trata de Rock & Roll o seguimos en exasperantes tertulias y canciones de Blues.

José Antonio Fernández de Alarcón Roca

Abogado, socio fundador

mon-lex@mon-lex.com



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