En los últimos meses la protesta ecológica se ha centrado en la contaminación del transporte aéreo, y es que este medio de transporte que de cada vez se utiliza de manera más habitual, es uno de los más contaminantes. En efecto, es el responsable del 2,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Algunos países como Francia han empezado a tomar cartas en el asunto y han creado un impuesto medioambiental por tal de reducir el uso de los aviones y destinar lo recaudado a promover infraestructuras de transporte más sostenibles. El impuesto afectará a los vuelos que salgan de Francia (exceptuando algunos destinos como Córcega o territorios galos de ultramar así como los vuelos de conexión) y supondrá entre 1,5 y 18 euros por billete, precio que se repercutirá finalmente en el pasajero.

La medida ha preocupado al sector de la aviación, que verá descender la demanda de vuelos con el consiguiente impacto negativo que podría tener en el empleo. El sector considera además que el impuesto “no ayudará a la industria a invertir en energías limpias y tecnología” (según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo). Otros posibles afectados son los propios Estados miembros, sobretodo aquéllos donde el turismo representa un alto porcentaje del PIB, como en España. El sector de la industria aérea exige, además, que se armonice la normativa en todo el territorio de la Unión Europea para eliminar ventajas competitivas.

Miguel Planas

Abogado

mplanas@monlexabogados.es



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