No deja de ser asombroso la rapidez con que se ha propagado la pandemia, a pesar de todos los esfuerzos para detenerla. En febrero, la OMS dio cuenta de 2115 casos; el 28 de junio su acumulado ascendió a 190.000. El mundo no está experimentando una segunda ola estamos conviviendo con la primera. Se nos informa que unas 10 millones de personas han sido infectadas.

Lo peor esta por venir. Un estudio efectuado en 84 países por el Instituto tecnológico de Massasuchussets ha calculado que por cada caso registrado, 12 no se registran. Sin un avance médico el número total de casos aumentará a 200-600 millones en la primavera de 2021. En ese momento habrán muerto entre 1,4-3,7 millones y más del 90 % de la población mundial seguirá siendo vulnerable a la infección.

El resultado real dependerá de como los epidemiólogos entiendan como detener el covid 19; los pobres son vulnerables y también los ancianos. Se puede contener el virus con tres muestras. Cambios por el comportamiento, prueba rastreo y aislamiento; y, si fallan, encierros. Cuanto peor este un país en pruebas y no tenga más capacidad se tendrá que recurrir a las otras dos. Los tratamientos han mejorado gracias a la investigación y el trato con los pacientes.

Aunque aún se está a meses de distancia en el mejor de los casos, las primeras terapias están disponibles. La experiencia en el manejo de la enfermedad aconseja, oxigeno temprano, antes de poner los respiradores lo cual ha sido validado por la menor proporción de pacientes que han tenido que ingresar a cuidados intensivos. Las economías se han ido adaptando. Los trabajadores han descubierto la cantidad de trabajo que puede hacerse desde casa. Se han mejorado las cadenas de suministro, escalonamiento de los turnos, perfeccionada la protección con los plásticos y con procesos que minimizan los contactos.

El problema consiste en que sin una cura o vacuna, la contención depende de que las personas aprendan a cambiar de comportamiento. Después del pánico inicial las máscaras ayudan a detener la enfermedad, lavarse bien las manos mata el virus. Sin los jóvenes encerrados durante meses se aplican a distracciones contra indicadas y en otoño las infecciones podrían dispararse. El cambio de comportamiento requiere una clara comunicación con ejemplos  y divulgaciones confiables. En algunos países el comportamiento de los políticos ha sido nefasto.

Covid-19 sigue estando bien presente al menos por un tiempo. Los vulnerables tendrán miedo a salir y la innovación se ralentizará, creando en el mejor de los casos una economía del 90 % que constantemente no alcanza su potencial. Muchas personas enfermarán y morirán. Hay que seguir luchando intercambiando experiencias, en espera de mejores tratamientos y la “vacuna”.

 

Alejadro Forcades Juan

Abogado-Economista

 



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